Consolidar deudas en un préstamo o una tarjeta de crédito ¿Mala idea o buena idea?

En épocas de vacas flacas la idea de consolidar deudas en un préstamo único o bajo una tarjeta de crédito que nos ofrezca una tasa de interés promocional por 6, 12, 15, 18 o 24 meses puede ser tentador, después de todo somos seres super racionales. ¿Lo somos?

Si fuéramos tan racionales ¿cómo llegamos a esta deuda en primer momento? Cuanto más cuestionamos nuestras propias decisiones y los efectos que obtenemos, más cerca estamos de encontrar la el verdadero yo detrás de la máscara y la nube de ilusión que creamos de nosotros mismos y nuestras decisiones.

Si llegamos al punto de tener que consolidar muchas deudas en un préstamo o una tarjeta de crédito es que hemos tenido un mal momento o no hemos sido responsables con nuestra utilización del crédito o el apalancamiento. Esto es una verdad si además el apalancamiento (endeudarse) ha sido utilizado para consumo y no para inversión.

Es decir, si nos apalancamos para crecer en términos de riqueza como por ejemplo pedimos un crédito o varios para abrir nuestro negocio y generar más dinero es probable que el tipo de deuda caiga en una categoría de productiva y apalancamiento positivo. Un ejemplo claro es el de sacar una hipoteca que nos permita comprar una propiedad para rentar y obtener una ganancia que de otra manera demandaría decenas de años ahorrarla, perdiendo el costo de oportunidad en el medio y mucha riqueza vía apreciación del inmueble.

Por el contrario, si nos endeudamos para comprar un automóvil, ropa, una nueva televisión, las próximas vacaciones y todas esas experiencias únicas que debemos hacer ahora porque quién sabe hasta cuando vamos a vivir… bueno, estamos hipotecando nuestro futuro inmediato, futuro mediato y nuestras posibilidades de crecer y generar riqueza personal, y por consiguiente estabilidad/libertad financiera.

¿Pero qué es consolidar deudas? Es simplemente agarrar una gran cantidad de deudas de múltiples tipos y ponerla bajo el paraguas de un solo préstamo o tarjeta de crédito para tan solo tener 1 acreedor a quien pagarle. A veces esto llega de la mano de tasas de interés reducidas y de una facilidad para la persona respecto de seguir a donde va el dinero sin sentir que nunca termina de pagar nada.

Entonces ¿Sacar un préstamo o tarjeta de crédito para consolidar deudas es una buena opción? No en el 99% de los casos.

Cuándo consolidar deudas en un préstamo

Desde mi punto de vista, consolidar deudas es una opción positiva en caso de que la razón por la cual llegamos a tal situación ha sido como consecuencia de una catástrofe como la que estamos viviendo. Es decir, buscar un préstamo a la tasa más baja que podamos calificar para poner todo en un solo pago mensual tiene sentido.

Esto no quiere decir que estaremos salvados, pero si la verdadera razón fue una falta de ahorros y una catástrofe que necesitó que nos endeudáramos para poder seguir funcionando, es probable que consolidar no solo sea una opción viable desde el punto de vista financiero y la cantidad de interés que pagaremos, sino que desde el punto de vista de la facilidad de hacer tan solo un pago a un acreedor y no a múltiples.

Algunas deudas productivas o de crecimiento patrimonial en términos de generación de dinero pueden tener cierta validez desde mi óptica, pero habría que ir a lo puntual.

Cuándo es una mala idea consolidar deudas

Si el origen de nuestras deudas es de consumo o de compras irracionales y falta de control sobre nuestros impulsos y nuestra economía personal, consolidar las deudas solo causará un incremento en la confianza respecto del repago y liberará ingresos para volver a meternos en más deudas.

Es decir, aquellos que ofrecen préstamos para consolidar deudas saben bien que la gran mayoría de las personas volverán a caer en el mismo problema ya que no han solucionado el problema de raíz, solo han movido de acreedor/es el origen que los llevó a pedir un préstamo o tarjeta de crédito donde consolidar deudas.

Para consolidar deudas y que sea efectivo primero debemos asegurarnos que la casa esté en orden, es decir, tener un presupuesto real y saber de dónde viene el dinero y exactamente a dónde va cada centavo. Luego poner como prioridad #2 luego del techo y la comida, el repago de la deuda de manera acelerada. Y por último debemos tener control sobre nuestros consumos y un objetivo a futuro respecto de qué estamos buscando hacer más allá de consumir y gastar dinero todo el día para vivir al día.

Si no tienen estas cuestiones bajo control creanme que volverán al mismo patrón, encontrándose una vez más solicitando un segundo préstamos para consolidar deudas y que continuará girando la rueda hasta que nuestro presente se vuelva una máquina de trabajar para mantener un estilo de vida que está por encima de nuestras posibilidades.

Estar cómodos con las deudas de consumo

Las deudas de consumo son solo eso, dinero prestado que se utiliza para comprar o consumir servicios o bienes. Como decía un gran amigo, veo personas que en seis meses estarán pagando las salchichas que se comieron esta noche. Si nos encontramos financiando la comida de hoy a seis meses, más allá del problema estructural que estén sufriendo a nivel local, provincial o nacional, hay otro más grande que está en nosotros: la falta de sentido común.

No hay razón para financiar la comida ya que aún cuando estamos comiendo hoy, no tenemos un plan para mañana y seguramente estamos pagando un interés ( o costo) altísimo por dicha decisión.

Incluso un placer tan importante como viajar no merece el endeudamiento. Podría entender que uno lo paga hoy con la tarjeta de crédito para dejar flotar el pago por un resumen y luego tener otros 20 días de gracia hasta el vencimiento y ahí recién pagarlo. No lo considero una estrategia irracional, pero depende quién la ejecute y en que situación se encuentre.

Sin embargo, financiarse a 12 meses el viaje que se viene en tres meses, y a los 9 meses volver a financiar otro viaje más y a los 8 meses posteriores financiar el siguiente comienza a sonar como un círculo vicioso que nos deja atrapados en el pago de deuda y no el de disfrute del viaje y planificación de nuestras finanzas personales.

Ahí también está el peligro de las tarjetas de crédito, en la posibilidad de gastar más allá de lo que tenemos confiados en que lo que nos entrará en 6 meses (el futuro) lo compensará. Luego esos 6 meses se vuelven 9, 12 y el círculo comienza y nunca termina. Mi estrategia es la de jamás financiar bienes improductivos ya que la experiencia y el tiempo me mostraron que en algún momento muy lejano estuve 100% en el lugar equivocado. Lamentablemente no todos llegan a verlo.

Conclusiones

Consolidar deudas es un préstamo o tarjeta de crédito es una mala idea en casi todas las situaciones. Una catástrofe como la actual puede dejar secuelas importantes que requieran que recurramos a una solución como esta. En principio tiene lógica si es una situación excepcional.

De lo contrario eviten a toda costa ingresar en el circuito de las deudas refinanciadas y consolidadas que lo único que hacen al final del día es ponerlos en una situación de tranquilidad para volver a caer en los mismos errores.

Claro que si han dominado sus finanzas personales e impulsos probablemente ya tengan un buen capital productivo acumulado y por lo tanto no estarán preocupados por este artículo.

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