Las tarjetas de crédito hacen dinero con nuestra información personal, aquella que dejamos en el camino cada vez que decidimos utilizar nuestra tarjeta a cambio de conveniencia y seguridad. Los programas de recompensas o beneficios de las tarjetas de crédito no son gratis, nunca lo fueron y nunca lo serán; lo cual no implica que no puedan ofrecernos beneficios interesantes. Lo que tenemos que tener en cuenta es que cuanto más dinero pueden hacer las tarjetas de crédito con nuestra información, mejores serán las recompensas o incentivos para que las utilicemos.

En Puntos Globales queremos colaborar con el uso responsable y estratégico de las tarjetas de crédito, pero también sentimos que tenemos la responsabilidad de llevar luz a los rincones en donde solo hay sombra dentro de nuestra esfera de influencia.

Para que existan los programas de recompensas tiene que haber indefectiblemente un beneficio e incentivo para el banco y el resto de los actores de la cadena crediticia de consumo, lo cual de alguna u otra manera beneficia a todos. Es verdad que en un mundo de dinero en efectivo, la teoría dice que los costos serían 2 o 3% más bajos, ¿Lo sería? Pero al mismo tiempo, ¿Cuántas compras compulsivas o fuera del alcance del cliente se perderían los negocios que aceptan tarjetas de crédito? Sin ir más lejos, hagan retrospectiva respecto de en cuántas ocasiones sus compras estuvieron desalineadas con su cuenta de banco del mes y entenderán que multiplicado por miles, decenas de miles o millones; el costo de la transacción que pagan los locales termina siendo opacado por los nuevos negocios que genera.

Sin embargo, la comisión por transacción y los intereses son tan solo la punta del iceberg respecto de cómo generan dinero las tarjetas de crédito. En la práctica, y de acuerdo a las legislaciones domésticas de cada estado, las posibilidades se amplían y multiplican más allá de tan solo uno o dos jugadores.

¿Quiénes se benefician de nuestro uso de la tarjeta?

Cuando miramos a la cadena de pagos, es fácil reconocer que hay demasiadas personas involucradas, y demasiados entes que vigilan o guardan información personalísima que nunca pensamos que íbamos a dejar a cada paso. De hecho, el nivel de desnudez informacional que ostentamos al utilizar nuestras tarjetas de crédito es obsceno.

Los principales jugadores y guardallaves de toda nuestra información son los siguientes: El banco que ofrece la tarjeta de crédito, el emisor de la tarjeta (Visa, Mastercard, American Express), el establecimiento en donde realizamos la transacción, el intermediario que procesa los pagos en las terminales en donde nuestras tarjetas se ingresan o deslizan, todas nuestras aplicaciones conectadas a nuestra información financiera, las aplicaciones que monitorean nuestros movimientos en tiempo real y cualquier otra aplicación que esté conectada y reciba información respecto de nuestros movimientos financieros como puede ser la compañía que ofrece el correo electrónico.

La venta de nuestra información, una mina de oro a precio víl

La realidad es la siguiente, estamos vendiendo nuestra información todo el tiempo a precio vil. Es decir, por una milla o dos por cada dólar consumido estamos permitiendo a alguno de estos jugadores recoger, guardar, esmerilar, compartir y hasta vender nuestra información, anónima o no tanto, a otros jugadores que pueden explotarla de alguna u otra manera.

Los actores de primera línea, bancos y emisores

El banco obtiene incontable cantidad de información de los clientes que puede ser minada para, por ejemplo, hacer cambios en sus programas de beneficios al conocer el tipo de perfil de cliente, los patrones de consumo y los lugares en donde los consumos se realizan, entre tantas otras cosas. Esta información privilegiada les permite incluso crear condiciones favorables para obtener contratos con compañías asociadas con quien compartir información, clientes, y beneficios que en definitiva deberían retornar como más negocios e ingresos para ellos.

Al mismo tiempo hay que recordar que Visa, Mastercard, American Express, Diners, Discover, Naranja y tantas otras redes o emisores de tarjetas de crédito que proveen de una plataforma y red para procesar los pagos utilizan y explotan esta información privilegiada para su beneficio. Ellos están en una posición superior incluso a los bancos debido al contacto directo que no tienen con el cliente, dejándolo usualmente al banco.

Los actores invisibles que hacen dinero con nuestra tarjeta de crédito

Las aplicaciones de terceros que tenemos instaladas en nuestra computadora, tablet o teléfono requieren permisos que rara vez tomamos en cuenta. Esto permite a muchas aplicaciones saber exáctamente nuestros patrones de consumo, retroalimentando el ciclo de pérdida de privacidad que ofrecemos en cada transacción. En definitiva, si conectamos alguna aplicación que administre todas nuestras cuentas a cambio de $0, es probable que su ganancia provenga de la incorporación de información voluntaria.

Aunque no pensemos en ellos, otro actor importante pero con el que no tenemos relación personal alguna es la compañía de terminales de tarjetas de crédito. Sí, estamos en contacto directo con ellas todo el tiempo, pero no somos el cliente, sino el producto o la mercancía. Estas terminales pueden obtener toda la información que deseen y esté permitida por ley, es decir, desde la información anónima, hasta los datos puros de qué productos han sido comprados. Lo cual nos lleva al último actor…

El establecimiento. A menos que nuestras compras sean realizadas en la tienda de Don Manuel que tan solo quiere clientes, las compañías han comprendido el valor de analizar y minar a su favor la información de las transacciones del negocio. Estas indefectiblemente proveen una ventana hacia nuestra vida y nuestros patrones de consumo, y algunos jugadores grandes están listos para compartir esa información y obtener ganancias adicionales.

Reflexiones sobre conveniencia versus privacidad

La conveniencia y la privacidad van por dos caminos separados, y la tecnología continúa ampliando la brecha. Tan solo uno mismo puede poner el límite de lo aceptable y no aceptable respecto de la privacidad. Si nunca se habían puesto a pensar acerca de cómo hacen dinero las tarjetas de crédito y sus emisores, hoy se irán del artículo con alguna idea formada.

Las tarjetas de crédito tienen beneficios reales respecto de las alternativas, dinero en efectivo y tarjeta de débito, pero esto viene atado directamente a la falta de privacidad de nuestra información. Limitar lo que los actores involucrados comparten o venden puede estar fuera de nuestra esfera de decisión, dejándonos como último recurso prescindir de dichos productos financieros o de alguna manera caer al yugo de la pérdida de privacidad ¿Involuntaria?

Nuestra información es hoy un commodity más en el mercado mundial, a grandes rasgos, prácticamente todos estamos en una posición vulnerable respecto de nuestra identidad y lo que las compañías realmente saben. Esto nos pone en riesgo de sufrir consecuencias inesperadas, pero también nos pone en la mira de las compañías que conocen cómo explotar nuestras vulnerabilidades.

Al final de cuentas, la decisión final es suya.

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